África Marruecos

Escala en Casablanca

Por el 27 julio, 2017

Tal vez nunca te hayas planteado ir a Casablanca y, en mi humilde opinión, haces bien. Sin embargo, si tu vuelo hace una escala larga allí, ¿por qué no aprovechar la ocasión y visitar esta ciudad marítima marroquí? Aquí te dejo unos consejos de qué hacer allí y dónde alojarte.

Desde el mismo aeropuerto sale el tren que te deja en el centro de Casablanca. Son 3 paradas, baja en la última, Casa Port, el trayecto dura unos 40 minutos y cuesta 43 dírhams (4€). Consulta el horario, sale uno cada hora. Tendrás que cambiar algo de dinero, calcula unos 30€ para pasar un día entero, incluyendo una noche de alojamiento. El paisaje es el típico rural marroquí, campos, chabolas, cabras, pobreza y basura para aburrir. Una vez salgas de la estación, si sigues por la avenida principal, Boulevard Félix, te encontrarás con las callejuelas del zoco, un caos laberíntico de tiendecillas de todo tipo donde lo más fácil es perderse y lo más complicado, quitarse de encima a los embaucadores tenderos que te asaltan a cada paso. Nos adentramos en él en busca del Medhi House, donde nos alojamos por 100 dírhams (10€). Después de vagar por el zoco sin éxito, empezamos a preguntar a los locales y, finalmente, un chaval, muy amablemente, nos acompañó hasta la puerta, no está de más darles unos dírhams en señal de agradecimiento.

El Medhi House es bastante particular, se trata de una casa de huéspedes en pleno zoco, en la zona de la Medina. Khalid nos recibió en la puerta y nos adentró, escaleras arriba, a un típico salón marroquí que hace las veces de recepción. Aunque habíamos reservado, la casa estaba completa así que, tras una breve negociación y su consecuente rebajilla, aceptamos dormir en los sofás de un saloncito contiguo… para una noche, ¡qué más da! En la segunda planta hay una zona común muy chula y colorida con cocina, sofás y baño. Por la noche, después de recorrer el mercado, estuvimos allí compartiendo experiencias con otros viajeros y Khalid, el anfitrión. Un joven militar destinado en Afganistán que estaba dedicando su periodo de descanso para encargarse del negocio familiar que suele regentar la matriarca, mientras ésta disfrutaba de unas pequeñas vacaciones. Khalid es un tipo muy simpático y servicial que nos dio un montón de consejos para aprovechar al máximo el ratito que íbamos a pasar en su ciudad. Sobre la mesa, unas piedras enormes de cositas para “aderezar” el tabaco, gentileza de el casa.

Al final de la tarde, recorre el mercado alrededor de Medhi House y atrévete con la comida callejera, hay un montón de puestos, está bueno y es muy barato.

Por la mañana, date un paseo hasta la Mezquita Hassan II. Aunque es fácil de ubicar, ya que está construida sobre el mar y se ve desde la estación de trenes, el camino para llegar hasta ella es bastante laberíntico, pero tuvimos la suerte de que un hombre nos oyese preguntar a un policía cómo llegar y se ofreciese a acompañarnos haciendo gala, una vez más, de la amabilidad del pueblo marroquí. La mezquita se alza majestuosa sobre el mar con su minarete de 200 metros, el más alto del mundo. Es de gran belleza y su particular emplazamiento, rodeada por el mar, le confiere un carácter especial. A su derecha, un moderno paseo marítimo conduce a la zona de mayor afluencia turística con restaurantes y demás. Y, a su izquierda, un espigón donde verás a los locales pecando o disfrutando de las vistas en familia.

Poco más se puede hacer en menos de 24h, pero siempre es mejor que quedarse en en el aeropuerto. De vuelta a la estación, 40 minutos de tren y ya estás en el aeropuerto de nuevo para seguir con tu viaje.

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