Por el 2 octubre, 2017

Y por fin, después de 2 años de intensa colaboración, llegó el día de conocer en situ la escuela de Omar. Cuando Ana y Begoña, dos grandes amigas, la conocieron, se quedaron prendadas de ella por la magnífica labor social que, en varios sentidos, desempeña en la isla de Lamu. Se trata de la escuela Twashukuru, el gran

Omar Islam

proyecto de Omar… Y, ¿quién es Omar? Omar es un “lamunian” que, a diferencia de la mayoría de sus paisanos, tuvo la gran suerte de poder emigrar a San Francisco (EE.UU.). No hace tanto tiempo, la isla de Lamu era un paraíso para turistas adinerados, un turismo que huyó despavorido cuando una serie de atentados azotaron la zona, dejando tras de sí una decena de ahora decadentes hoteles y mansiones de lujo, mermando así las posibilidades comerciales de una isla preciosa. Durante aquella época de bonanza, un isleño se casó con una turista americana y se marchó con ella. Amigo de la familia, le dio la oportunidad a Omar de viajar hasta allí en busca de un futuro mejor. Tuvo suerte, suerte trabajada, no regalada, a buen seguro, y durante años trabajó en diferentes locales de San Francisco como percusionista, obteniendo así la posibilidad de mantener a gran parte de sus hermanos. Una vez que hubo ahorrado lo suficiente, empezó a visitar a su familia en Lamu y fue consciente, más si cabe, de la precariedad en la que viven cientos de niños en la isla. También le espantó la suciedad de sus hermosas playas, atestadas de basura, plásticos y botellas que el mar justiciero devuelve a la orilla. Fue entonces cuando decidió no quedarse de brazos cruzados y hacer algo por el

Paredes de botellas

conjunto de la sociedad. Organizó la limpieza de las playas, recolectando todas las botellas de la playa, concienciando de la importancia de respetar el medio ambiente e instruyendo sobre la reutilización de los materiales. Esas botellas, las utilizaría más adelante para construir las paredes de una nueva escuela, situada en la parte más desfavorecida de la isla.

El principal problema al que se tuvo que enfrentar, y al que se sigue enfrentando hoy en día, fue convencer a las familias para que permitiesen a sus hijos acudir a la escuela. La infancia, en muchos puntos de Kenia, existe por una pura cuestión de edad, pero nada tiene que ver con la infancia tal y como la conocemos nosotros. Los niños son concebidos como mano de obra para las familias. Desde una edad bien temprana, se les otorgan unas obligaciones a todas luces excesivas. Entre sus tareas, cuidar de los bebés, cargar leña, andar varios kilómetros cada mañana con bidones que duplican su propio peso sobre la cabeza para traer agua, etc… Es la vida que los padres han tenido, y es la vida que creen que llevarán sus hijos, de ahí que no entiendan la necesidad de acudir a la escuela. Puerta por puerta, Omar fue convenciendo a las familias, primero intentaba hacerles comprender que si aprendían a leer y escribir, percusión, matemáticas e inglés, podrían labrarse un futuro mejor, a lo que le respondían con gran escepticismo. Después trataba de explicarles que los niños tienen que ser niños, que tienen que jugar, descubrir, curiosear, aprender… a lo que le respondían con gran incredulidad. Pero pronto descubrió que la gran baza, la que mejor funcionaba, era cuando les garantizaba a sus hijos dos comidas completas gratuitas al día. Así sí. Así logró convencer a muchas familias y, a día de hoy, son 35 los niños que han cambiado su presente, y seguramente su futuro.
La escuela es humilde y hermosa a partes iguales. Se encuentra en un paraje precioso, belleza y tranquilidad es lo que viene a mi mente cuando pienso en

Begoña Machancoses

Twashukuru. Me resulta muy sencillo entender qué les enamoró a Begoña y Ana de este proyecto. Una única persona, sin ayuda de ningún tipo, levantando de la nada una escuela con botellas recicladas para proporcionar de manera gratuita una formación más que decente a unos niños que, de otra manera, estarían abocados a vivir en la miseria el resto de sus días. Cambiando a los niños de hoy, cambiará a los del futuro, creando una sociedad más preparada y más solidaria.
De vuelta en Valencia, Ana y Begoña, ambas periodistas en activo, se devanaron los sesos en busca de una manera de colaborar con Omar. Así nació One Day Yes. Crearon esta pequeña, y al mismo tiempo grandiosa, ONG con el único propósito de

Ana Mansergas

conseguir que Twashukuru siga en pie y pueda aumentar su capacidad y mejorar la vida de más niños en Lamu. Me consta que se dejan la piel organizando eventos, charlas de concienciación, exposiciones y subastas, sacrificando gran parte del tiempo que podrían dedicar a sus amigos y familiares, para recaudar fondos. Además lo hacen de manera desinteresada, sin cobrar ni un duro, como, en mi opinión, deberían funcionar las ONG, pero que lamentablemente no es así.
Cuando Begoña, gran amiga mía desde hace muchos años, me contó todo esto, tuve una idea. Soy profesora de secundaria del Colegio Abecé de Gandía y vi la oportunidad de ayudarles en esta magnífica tarea y, al mismo tiempo, concienciar a mis alumnos e involucrarlos en una misión solidaria de la que, sin lugar a dudas,

Donativos

aprenderían muchos valores tan necesarios en la sociedad de consumo en la que vivimos en esta parte del mundo. Fue entonces, hace ya 2 años, cuando propuse crear el proyecto Escuelas Hermanas, “hermanando” mi colegio con la escuela Twashukuru. La acogida en el centro fue espectacular y todo el mundo se volcó en esta aventura solidaria. Omar nos visitó, dio una charla a los mayores y un taller de percusión a los pequeños. Grabamos un vídeo para presentar el proyecto a todas las familias y, simplemente, hicimos una recolecta de donativos, recaudando algo más de 2.000€. Todo un éxito. El año pasado, quise involucrar aún más a mis alumnos y lanzamos la campaña de Pulseras Solidarias. Ellos mismos se encargaron del

Pulseras solidarias

diseño y la venta de las mismas. Esta vez, recaudamos cerca de 3.000€. Una vez más, todo un éxito, que tenemos que agradecer a todos aquellos que, de una manera u otra, han contribuido a hacer posible este donativo.
Y así, seguiremos, año tras año, comprometidos con un proyecto de tú a tú, en el que podemos comprobar directamente que nuestra colaboración se transforma en unas mejoras evidentes en la escuela Twashukuru. Desde que empezamos con el proyecto de Escuelas Hermanas, hemos participado en la construcción de la cocina comedor y una segunda aula. Ahora está en marcha la tercera y ojalá podamos seguir colaborando como lo hemos hecho hasta el momento.
Este verano, 4 profesores del Abecé, Paula, Javi, Quique y yo, nos hemos desplazado a Lamu para, durante algo más de 2 semanas, hacernos cargo de una suerte de “summer camp” en Twashukuru. En agosto, durante las vacaciones escolares, el colegio debería cerrar sus puertas, dejando de ofrecer las únicas comidas que muchos de los niños tienen garantizadas al día. Para evitarlo, nos encargamos de la escuela realizando diferentes talleres. Fue una experiencia dura, pero a la vez profundamente gratificante y enriquecedora… pero esto ya lo cuento en el siguiente post.
Si queréis conocer mejor el proyecto de Omar y la ONG, visitad www.onedayyes.org y si alguien quiere colaborar, os estaré eternamente agradecida.

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